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La Crassula ovata, comúnmente conocida como “planta de jade” o “árbol de jade”, es originaria de Sudáfrica y Mozambique, donde crece en climas cálidos y soleados. Esta suculenta, conocida por su resistencia y facilidad de cuidado, puede enfrentar problemas si no se le proporcionan las condiciones adecuadas. Aunque es una planta resistente, su adaptación a diferentes ambientes puede verse afectada si no se controla el riego, la exposición al sol, o la temperatura. Factores como el exceso de agua, la falta de luz o un ambiente muy frío pueden generar estrés en la planta, favoreciendo la aparición de enfermedades y alterando su crecimiento saludable.
Identificar la causa de cada uno de estos problemas es crucial para tomar las medidas correctas y restaurar la salud de la planta. En esta guía de problemas te ayudamos a tomar las decisiones correctas para ayudar a tu planta a recuperarse de manera efectiva.
Las enfermedades de la planta de Jade pueden surgir cuando las condiciones de cuidado no son las adecuadas. Un exceso de humedad en las raíces, por ejemplo, puede llevar a la aparición de hongos y pudrición. Esto suele suceder cuando se riega de manera excesiva o cuando el drenaje de la maceta no es el adecuado, lo que crea un ambiente propenso para que los hongos se desarrollen. También es común que, si la planta está estresada, como por ejemplo en un ambiente con bajas temperaturas o falta de luz, se vuelva más susceptible a infecciones.
Si notas que tu planta de jade tiene signos de hongos, te recomiendo usar nuestro purín de ortigas como tratamiento natural. El purín de ortigas es un excelente fungicida que ayuda a combatir estos problemas de manera efectiva. Además, para prevenir plagas y hongos, puedes usar jabón potásico, que es un preventivo y combatiente ideal para mantener a raya a los bichos sin dañar la planta. Asegúrate de mantener el drenaje adecuado y revisar el riego para evitar problemas futuros.
Las hojas arrugadas de tu Árbol de Jade suelen ser señal de que la planta no está recibiendo suficiente agua. Como suculenta, el árbol de jade almacena agua en sus hojas, pero si la falta de riego es prolongada, sus hojas pueden arrugarse y perder firmeza. También es posible que la planta esté pasando por un ambiente demasiado seco o caluroso, lo que genera que sus hojas se deshidraten. La falta de humedad o un riego irregular también son factores clave.
Para solucionar este problema, es crucial mantener un riego moderado y no dejar que el sustrato se seque por completo durante mucho tiempo. En caso de que las condiciones ambientales sean muy secas, puedes aumentar la humedad alrededor de la planta de manera controlada.
Si se caen las hojas de tu Árbol de Jade, esto puede deberse a varios factores. Uno de los más comunes es el exceso de riego, que provoca que las raíces se pudran y la planta no pueda sustentar las hojas adecuadamente. También puede ser una señal de que la planta está experimentando estrés por un cambio brusco de temperatura o por estar expuesta a un ambiente demasiado frío o seco. A veces, incluso un cambio repentino en la ubicación o una falta de luz puede desencadenar esta caída de hojas.
Para solucionarlo, primero evalúa el ambiente donde tienes la planta. Asegúrate de que reciba suficiente luz indirecta y esté en un lugar cálido, alejado de corrientes de aire frío. Además, controla el riego para evitar que el sustrato esté demasiado húmedo. Si las raíces están afectadas, puedes aplicar nuestros aminoácidos Vitamin, que ayudan a mejorar la absorción de nutrientes y promueven la regeneración de la planta. Y recuerda, las plantas de jade prefieren un ambiente estable, así que intenta no moverla demasiado a menudo.
Las hojas amarillas de tu Árbol de Jade suelen indicar un problema con el riego, aunque también pueden ser señales de una deficiencia de nutrientes. Un riego excesivo es la causa más común, ya que provoca que las raíces se pudran, lo que a su vez afecta la salud de las hojas. Sin embargo, las hojas amarillas también pueden ser causadas por una falta de luz, un ambiente frío o una deficiencia de minerales, especialmente nitrógeno o hierro.
La solución más efectiva es ajustar tu régimen de riego, asegurándose de que la planta reciba agua solo cuando el sustrato esté completamente seco. También es recomendable moverla a un lugar con mayor luz indirecta y, si es necesario, añadir fertilizantes equilibrados como nuestro Plant Food o humus de lombriz. Estos fertilizantes ayudarán a reponer los nutrientes que la planta necesita para mantenerse fuerte y saludable. Además, revisa que la maceta tenga buen drenaje para evitar que el agua se quede estancada.
Las Árbol de Jade Hojas Quemadas pueden ser causadas por la exposición directa y prolongada a la luz solar intensa, lo que provoca que las hojas se quemen, especialmente si la planta no está acostumbrada a esta exposición. Además, un riego inadecuado o el estrés por un cambio repentino de temperatura pueden contribuir a este problema, debilitando las hojas y provocando quemaduras. Las quemaduras solares dejan manchas marrones o secas, que no solo afectan la apariencia, sino que pueden interferir con la salud general de la planta.
Para evitar la quema de hojas, asegúrate de que tu planta esté en un lugar con luz indirecta brillante, pero no directamente bajo el sol. Si notas hojas quemadas, puedes podarlas para mejorar la apariencia de la planta. Además, regula el riego para evitar el exceso de agua y asegúrate de que la planta no se vea expuesta a fluctuaciones de temperatura. Como prevención, el uso de jabón potásico también puede ayudar a proteger la planta de plagas que, al atacar las hojas, podrían empeorar el daño causado por el sol.
Para tratar los problemas de plagas en tu árbol de jade es fundamental revisar las condiciones de luz, temperatura, riego o contaminación de otra planta con plaga.
Las cochinillas aparecen como manchas blancas algodonosas en las hojas y tallos, mientras que los pulgones pueden formar colonias pequeñas que afectan el crecimiento de la planta, causando deformación en las hojas y debilitamiento general. Además, los ácaros son otra plaga que puede afectar a la planta, especialmente en ambientes cálidos y secos, dejando manchas amarillas o plateadas en las hojas.
Para controlar estas plagas, es importante inspeccionar la planta regularmente. Las cochinillas y los pulgones pueden eliminarse con un algodón empapado en alcohol isopropílico, o bien utilizando un insecticida natural. Los ácaros se pueden controlar con un jabón potásico o aceite de neem. Además, la tierra de diatomeas puede ser útil para prevenir y tratar infestaciones leves, ya que actúa como un abrasivo que daña a los insectos sin afectar la planta. Mantener una correcta ventilación y evitar el exceso de humedad también ayuda a prevenir la aparición de estas plagas.
Los problemas generales de la Crassula Ovata pueden manifestarse de muchas maneras, como la caída de hojas, manchas, crecimiento débil o falta de vitalidad. La causa más común es un cuidado inadecuado: exceso de riego, falta de luz, temperaturas inadecuadas o un sustrato que no drena correctamente. A veces, las plagas también pueden ser un factor, como los ácaros o las cochinillas, que afectan la salud general de la planta.
La pudrición de raíces en la Crassula ovata generalmente ocurre debido al exceso de riego o un drenaje inadecuado. Cuando la planta recibe más agua de la que puede manejar, el sustrato se mantiene húmedo durante períodos prolongados, lo que genera un ambiente propenso a la proliferación de hongos y bacterias que atacan las raíces. Esto provoca que las raíces se pudran, se vuelvan blandas y de color marrón oscuro, lo que interrumpe la capacidad de la planta para absorber agua y nutrientes, debilitándola.
Para solucionarlo, lo primero que debes hacer es retirar la planta de su maceta y examinar las raíces. Elimina todas las raíces podridas o dañadas con unas tijeras de podar desinfectadas. Después, trasplanta la planta a un nuevo sustrato bien drenado, idealmente una mezcla para suculentas que favorezca el paso de agua. Asegúrate de que la maceta tenga agujeros de drenaje adecuados para evitar que se acumule agua. Para evitar que la pudrición vuelva a ocurrir, asegúrate de no regar en exceso y permite que el sustrato se seque completamente entre riegos. Además, es recomendable verificar periódicamente el estado de las raíces y la salud general de la planta.